Anónimo (24)

Por suerte no para todos, pero para algunos de nosotros, uno de los desafíos de ser homosexual es crecer pensando que uno es distinto, que no pertenece.

Nos creemos ese relato, nos auto-percibimos como distintos.

Pero tampoco nos permitimos reconocer nuestra sexualidad.

Sentimos que no pertenecemos en un mundo ni en otro.

Y así viene la soledad.

Nos aislamos, nos enojamos con el mundo, nos privamos de vivir plenamente.

Eso me pasó a mí al menos. 

Así llegué a Centurión. Enojado, frustrado, ansioso, con miedo, con muchos prejuicios. Pensé que no iba a ser para mí, que tampoco iba a poder encontrarme acá. Que, una vez mas, yo iba a ser el distinto, que no iba a encajar.

Pero me animé a dar el paso, me animé a darme otra oportunidad.

Y no me arrepiento.

Centurión me regaló un espacio donde puedo sentirme contenido, entendido y acompañado.

Un espacio donde el foco es compartir, donde reconocemos nuestras heridas y nos ayudamos entre todos para sanarlas.

Donde todos encajan, donde lo distinto es diverso y celebramos nuestras diferencias. 

Y, como si fuera poco, además me regaló amigos, experiencias, salidas... Que mas puedo pedir?