Fede (58)

Volver

El primer encuentro del Centurión fue una experiencia muy fuerte de la que fui tomando conciencia después y gradualmente. Cuando me quise dar cuenta me estaba bajando del auto en la playa de estacionamiento del colegio Marín. El colegio donde había cursado mi secundario hacía ya 50 años. Una etapa de mucha inestabilidad emocional, fuertes angustias y largos periodos de oscuridad. Una lucha continua entre mi niño sano y mi lado oscuro, perverso después de descubrir que mi orientación sexual era”¡pecado!” Ahora este mismo colegio que me había puesto constantemente a prueba acusándome de lo peor, me recibía con los brazos abiertos contentos de que me hubiera animado a venir. Un grupo de chicos jóvenes se había animado a plantearle a la Iglesia la situación de tantos de nosotros que nos sentíamos discriminados y la necesidad de ser escuchados también. Y aquí me encontraba caminando hacia el encuentro respondiendo a la invitación. Me sentía muy extraño, casi con vértigo. Sabía que esta exposición significaba un antes y un después, y no tendría “marcha atrás”. Y fue tal cual, la sensación de libertad psicológica se fue expandiendo a lo largo de los días y manifestándose en un montón de acontecimientos en la vida de todos los días. Gracias Centuriones, ¡y esto es recién el comienzo!

 

Presencia

Que difícil es crecer, madurar y enfrentar la vida sintiendo que una parte tuya te causa rechazo. Nada menos que tu sexualidad! Y encima no condice con la imagen que siempre tuviste de vos mismo. Podes luchar, negar, insistir, poner foco y energía en la parte tuya que consideras mejor y que te dijeron que es así como debes ser, bueno, alegre, seguro de vos mismo. Y te esforzás todo el día, todo el tiempo tratando de que tu parte “santa y pura” se vea confirmada por los que te rodean, pero cuando tu energía flaquea, cuando tu héroe pasa a ser un “pobre tipo”, un “pesado triste”, cuando tu lado oscuro, desagradable y hasta perverso comienza a reclamar su parte, entonces se vuelve muy difícil. Se caen todas las caretas, te quedas sin ningún punto de apoyo, sobre todo interno, y te traga la noche! Y tampoco se lo podes contar a nadie, desde qué lugar podrías hacerlo sin ser un traidor? Pero siempre, a último momento, cuando parecía que se habían acabado todas las salidas emergía del fondo de mi corazón como una Presencia. Una Presencia que de alguna manera siempre estuvo ahí. No lo sé, algunos dirán el instinto de supervivencia, el “yo” original, etc., yo me conecté con Él desde mi Fe cristiana. Para mi fue Jesús. Siempre, en los  momentos más confusos Su Presencia me sostuvo y aunque  le pedía “un punto de apoyo para mover el mundo” en general la vida era un peregrinaje cuesta arriba. 
Pasaron los años, hoy con más de 60 soy feliz, y mirando para atrás me doy cuenta que
siempre hubo una mano abierta para agarrarme fuerte y sostenerme. Esa Presencia Sutil y Amorosa de alguna manera siempre estuvo ahi, al lado mío, dentro mío, sin juzgarme y cuidándome, y mi mi camino se fue ampliando cada vez mas y por lugares que nunca hubiera imaginado. No puedo contar mucho más aquí, pero agradezco a Dios el don de la Fe y espero que a través de los Centuriones muchos encuentren esa libertad que no tiene límites, la libertad de poder “ser con el otro y con uno mismo” con el corazón totalmente abierto, como Dios nos ama!

image0_edited.jpg