Joaco (18)

Tengo 18 años, soy de San Isidro y estudió psicología en la UBA.
Vengo de una familia de clase media, con padres que me inculcaron la religión católica desde niño.
Sumado a un colegio católico con amigos de padres católicos. Un entorno que a simple vista puede parecer muy conservador, y seguramente abrumador para alguien que su sexualidad no es la misma que la de sus pares.
Un chico que se mostraba igual al resto pero se sentía diferente, un chico al cual le asustaba lo diferente y rezaba para ser igual.
Con el tiempo fue dándose cuenta porque se sentia así, pero de todos modos, siguió siendo un chico “normal”de 15 años, porque eso nos enseñaban, chicos con chicas, y chicas con chicos y yo no quería ser el raro.
Un chico con una gran facilidad para la actuación, algunos dirán que es un don. Tantos años de mentiras y engaños tienen sus consecuencias, pasaban los días y su corazón se iba entristeciendo más y más.
Por un lado se mostraba alegre pero por otro luchaba por negar algo que no quería ni podía ser.
Nunca se habló mucho de esos temas en su entorno y cuando se hablaba le generaba un malestar, un episodio donde se ponía colorado, incómodo y se le cortaba la respiración.
Una conversación que quería tener pero su interior se negaba.
Para su suerte, y lamentablemente no la de todos,
su temor comenzó a transformarse en aceptación. Su yo interior dejó de tener miedo y empezó a vivir.

En un principio, me dije a mi mismo que era bisexual, para poder calmar lo que estaba viviendo, me catalogué, otro error común.
Cuando le conté a mis padres ellos me dijeron que eso no era posible, o era una cosa o la otra, “eso es promiscuidad” dijeron.
Estuve todo un año pensando qué pasaba dentro mio, al igual que antes, pero esta vez con el fin de conocerme, con el fin de romper esa barrera que yo mismo había puesto y no me animaba a levantar.
El mensaje de mis padres no fue tan errado como se escucha, la bisexualidad no es promiscuidad pero yo no soy bisexual, soy homosexual, y
hoy estoy orgulloso de poder decirlo.
Al año siguiente, al estar contento y seguro de quién era, le conté a la primera persona, mi amigo Tomi. Sentí liberación y tranquilidad pero por otro inseguridad, miedo de cual iba ser su reacción. Tomi reaccionó como un amigo, apoyándome. Aunque de todos modos, yo estaba seguro y contento de quien era y ninguna opinión podía sacarme eso.

Esa misma noche le conté a mis papás, confiado de obtener una respuesta positiva, acerté. Lo cual fue y es una gran tranquilidad para mi.
Comencé mi último año de colegio. Seguro y preparado para hacerme cargo de mi mismo. Ya todos saben óomo es la secundaria, los rumores corren rápido, fui contandole a mis más cercanos y gracias a eso todo fue renovador.
Desde aquel entonces me sentí fuera del closet y
pude ser yo mismo.
Mi interior estaba en paz, ya no tenía dudas de quién era y mucho menos de quien quería ser, mis días eran solo buenos días.
Ese chico alegre pero tapado de incertidumbres, empezó a contagiar su alegría. Durante todo mi proceso estuve muy cerca de Dios.
Yo sabía que él me quería y me aceptaba.
Él era el único que sabía quién yo era cuando ni yo me veía.
No puedo negar que la religión fue una aliada.
Hoy en día no estoy tan metido como antes, ya que al crecer vas formando tus propias opiniones pero voy a estar siempre agradecido.
La religión me ayudó a descubrir quien soy, me ayudó a ser mi mejor versión. La mejor versión de Joaquín, con sus errores, con sus virtudes, pero sobretodo con su libertad.

Sin mucho más que decir, espero que esto sirva de ayuda a aquel Joaco que no podía lidiar con el mismo, para que te aceptes con tus gustos, con tus diferencias, y con tus pensamientos, no sos menos por pensar o ser diferente.
Todos juntos somos, sin personas diferentes no seríamos más que un montón, siendo diferentes somos lo que somos y asi esta perfecto.
Vivan su sexualidad queriéndose, griten, lloren, amiguense y entendé que SOS igual o más que el resto, que nada ni nadie nos define,
sos unico y nadie te puede sacar tu libertad, ni siquiera vos mismo.